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LA CONFIRMACION
ESE SACRAMENTO CASI DESCONOCIDO
La fe cristiana ha tomado en los últimos
siglos, al menos, un cariz individualista y de encierro
en lo cúltico, en la nave de la Iglesia. Se perdió
prácticamente la conexión con el gran quehacer en medio
de la Historia, y las transformaciones sociales,
económicas y políticas parecía que nada o muy poco
tenían que ver con creer en Dios ... Pero éste es un
error:
- Es verdad que en el bautismo se produce (debería
producirse) una violenta transformación individual, una
orientación radical hacia Dios. - Pero también tiene
otro aspecto tan importante como aquél, de cara al
exterior: la urgencia, la vocación, el llamamiento A), a
ser testigo en el escenario de la comunidad creyente y
del mundo, de aquello en que tú crees, y B), la
responsabilidad por llevarlo a la práctica, por estar
presente a todo lo que sean realidades humanas y
mejorarlas. En general los cristianos tienen idea de que
lo son, quedándose en lo primero. La confirmación es
como un desglose de la fuerza que entraña el bautismo.
Es un llamamiento a tu personalidad y responsabilidad
pública. Sería una lástima que la catequesis acerca de
la Confirmación incluyera sólo una explicación del
óleo, del rito..., y olvidase hacer caer en la cuenta al
confirmando de esta gran realidad: que nos encontremos
metidos en los conflictos humanos, la desesperación, la
enfermedad..., rodeados de hombres con un psiquismo
tocado, llenos unas veces de felicidad y otras de
ansiedad y defraudación... Un cristiano debe estar
presente a la explosión de felicidad o desaliento, de
logros y de fracasos que en torno suyo se está dando.
Debería saber lo básico de cómo funciona su barrio, su
parroquia, su ciudad, porque tiene que estar dotado,
equipado para ejercer como hombre adulto. Este sacramento
consagra -y esto es muy importante- el aspecto político
(= hombre de la polis, de la ciudad) de todo hombre
adulto, responsable de que la vida sea democrática,
justa, respetuosa con todos. Y lo consagra haciéndole
caer en la cuenta al creyente de que ahí, en la
historia, se juega la competición de la fe.
SER UN TESTIGO
Es propio del ciudadano adulto tomar una
postura y ser consecuente con ella. Todos admiramos al
hombre que es fiel a sus ideas y a las personas allí
donde haga falta. La confirmación pone de relieve este
aspecto: Tú eres un testigo.
-
¿Ante quién?
Lo eres en primer lugar en el seno de la propia comunidad
de creyentes donde te mueves, y en segundo lugar de cara
al mundo donde realizas tu profesión, tus relaciones,
tus diversiones diarias.
-
¿Qué se testifica.?
1) Que somos "hijos de Dios"; que en tu
interioridad se comprende todo desde esta perspectiva (la
salud o la enfermedad, la vida larga o corta, la riqueza
o la pobreza). "Tú eres mi hijo ..." es algo
primordial que escucha el interior de Jesús en su
bautismo (Mc. 1,11), algo que los demás ante todo deben
percibir en él: "Este es mi hijo...", según
la versión de Mateo (3,17), y algo que todo creyente
debe experimentar en su corazón:
Rom. 8,15-17: "Mirad, no recibisteis un espíritu
que os haga esclavos y os vuelva al temor; recibisteis un
Espíritu que os hace hijos y que nos permite gritar:
¡Abba! ¡Padre! Ese mismo espíritu le asegura a nuestro
espíritu que somos hijos de Dios; ahora, si somos hijos,
somos también herederos: herederos de Dios, coherederos
con Cristo; y el compartir sus sufrimientos es señal de
que compartiremos también su gloria."
2) Que hay que vivir en la unidad. Por esto interviene el
Obispo generalmente en la confirmación, que es la cabeza
visible de una comunidad plural pero acorde.
3) Que todas las cosas de aquí son relativas y que,
aunque importantísimas, lo más importante de todo son
las personas y la meta que está detrás de la Historia.
Por eso se unge, se consagra al confirmando.
Este sacramento pertenecía a los llamados "de
iniciación cristiana": Bautismo, Confirmación,
Eucaristía, testimonian, efectivamente, cómo comprende
un creyente que debe vivirse la vida humana en su
conjunto. Después venían los sacramentos más
individualmente considerados.
SER UN PROFETA
Esto mismo que hemos denominado ser
testigos, con un fondo cultural semítico se denomina
"ser profetas". Todos los cristianos son
profetas. Y no sólo ellos. Porque ser profeta no tiene
nada que ver con adivinar lo que va a ocurrir aquí en la
tierra. Si quieres, sí que se puede decir que el profeta
ve el dentro de la existencia humana y ve el futuro de la
vida humana. Pero lo ve con la fe: él sabe ya cómo debe
construirse la Historia -en buenas relaciones, en
alianza- y sabe ya en qué va a parar todo -la gran
esperanza de desembocar en las manos paternas de Dios--.
Se lo dice la fe, no una capacidad física de
adivinación, naturalmente. Esta categoría la tuvo
Jesús. La tiene la comunidad creyente (o Iglesia). Y
debe tenerla cada individuo: Proclamar ante los demás lo
que ha visto y experimentado su propio
corazón.
TU PROPIA PERSONALIDAD, TU PROPIO
"DON".
Otro aspecto de la Confirmación es el de aceptar a uno
tal como él es; respetarle en su peculiar personalidad;
comprender que él es necesario a la comunidad como un
miembro tan importante como los otros... Tú has visto
que en un grupo de amigos cada uno tiene un campo de
influjo, destaca en algo- uno tiene más dotes de jefe,
otro posee una sensibilidad mayor para la justicia, otro
tiene el don del humor, otro el del consejo... Todo esto
lo respeta, lo consagra un sacramento. Tú eres así;
Dios te ha dotado así. Y siendo así es como eres
indispensable en una comunidad de hermanos que se
aprecian y se necesitan mutuamente. A estos dones se les
ha llamado "de sabiduría, de fortaleza, de piedad
... ". Y son la base para otros ministerios dentro
de la comunidad creyente, como ya veremos. Con esta
perspectiva podría leerse la Historia de la Iglesia y
podría hacerse la reflexión acerca de tantas personas
como vemos morir junto a nosotros en quienes hemos visto
un testimonio a su modo, una reedición del mensaje
cristiano engastada en un carácter, una cultura, unas
cualidades.
¿DóNDE ESTA EL SECRETO?
A este sacramento se le llama el
sacramento del don del Espíritu. Y es que hay un foco
íntimo del que proviene todo lo que el creyente piensa y
toda la fortaleza que en sí mismo experlinenta, en el
fondo de sí mismo sabe que toda esta capacidad de ver
algo más de lo meramente visible, algo más de lo que
otros quizá ven, y esa ilusión por hacer algo por el
bien de los demás, no es suya. Lo percibe como un don.
Es el don del Espíritu. ¿Qué es el Espíritu? El
Espíritu es la presencia, la acción de Dios mismo en el
creyente: El hace actual en ti lo que se vivió en el
interior de Jesús.
EN UNA PALABRA...
Si tuviéramos que resumir en
algunas palabras lo que es propio de este sacramento, nos
serían sugerentes algunas como éstas: adultez,
responsabilidad, sentido del misterio en la vida,
interiorización y exteriorización, esperanza,
fortaleza, personalidad propia, llamamiento a relativizar
todo (dinero, poder, comodidades... ) ante el bien de los
demás y ante una esperanza eterna...
CATECISMO DE LA IGLESIA CATOLICA
1315 "Al enterarse los apóstoles que
estaban en Jerusalén de que Samaría había aceptado la
Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan. Estos
bajaron y oraron por ellos para que recibieran el
Espíritu Santo; pues todavía no había descendido sobre
ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en
el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las
manos y recibían el Espíritu Santo" (Hch 8,
14-17).
1316 La Confirmación
perfecciona la gracia bautismal; es el sacramento que da
el Espíritu Santo para enraizarnos más profundamente en
la filiación divina, incorporarnos más firmemente a
Cristo, hacer más sólido nuestro vínculo con la
Iglesia, asociarnos todavía más a su misión y
ayudarnos a dar testimonio de la fe cristiana por la
palabra acompañada de las obras.
1317 La
Confirmación, como el Bautismo, imprime en el alma del
cristiano un signo espiritual o carácter indeleble; por
eso este sacramento sólo se puede recibir una vez en la
vida.
1318 En Oriente, este
sacramento es administrado inmediatamente después del
Bautismo y es seguido de la participación en la
Eucaristía, tradición que pone de relieve la unidad de
los tres sacramentos de la iniciación cristiana. En la
Iglesia latina se administra este sacramento cuando se ha
alcanzado el uso de razón, y su celebración se reserva
ordinariamente al obispo, significando así que este
sacramento robustece el vínculo eclesial.
1319 El candidato a
la Confirmación que ya ha alcanzado el uso de razón
debe profesar la fe, estar en estado de gracia, tener la
intención de recibir el sacramento y estar preparado
para asumir su papel de discípulo y de testigo de
Cristo, en la comunidad eclesial y en los asuntos
temporales.
1320 El rito esencial
de la Confirmación es la unción con el Santo Crisma en
la frente del bautizado (y en Oriente, también en los
otros órganos de los sentidos), con la imposición de la
mano -del ministro y las palabras: "Accipe
signaculum doni Spiritus Sancti" ("Recibe por
esta señal el don del Espíritu Santo"), en el rito
romano; "Sello del don del Espíritu Santo", en
el rito bizantino.
1321 Cuando la
Confirmación se celebra separadamente del Bautismo, su
conexión con el Bautismo se expresa entre otras tosas
por la renovación de los compromisos bautismales. La
celebración de la Confirmación dentro de la Eucaristía
contribuye a subrayar la unidad de los sacramentos de la
iniciación cristiana.

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