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EL BAUTISMO 
TODA NUESTRA VIDA ES UN
"SIGNO"
El bautismo es uno de los siete signos que
se utilizan en la Iglesia. Es como el pórtico, el acto
proclamatorio de que el creyente comprende en su interior
y acepta la invitación que Dios le hace de vivir como
Jesús de Nazaret, unido a él. El bautizado comprende
que el camino, la verdad, la vida (hay un camino humano
distinto del físico, una verdad total distinta de la
mental, una vida más escondida que el mero respirar) es
aquella persona, aquel modo de vivir propio de Jesús. El
encuentro que se establece es con Dios; el modelo y el
compañero es Jesús. El bautismo es uno de los siete
signos que se utilizan en la Iglesia. Es como el
pórtico, el acto proclamatorio de que el creyente
comprende en su interior y acepta la invitación que Dios
le hace de vivir como Jesús de Nazaret, unido a él. El
bautizado comprende que el camino, la verdad, la vida
(hay un camino humano distinto del físico, una verdad
total distinta de la mental, una vida más escondida que
el mero respirar) es aquella persona, aquel modo de vivir
propio de Jesús. El encuentro que se establece es con
Dios; el modelo y el compañero es Jesús.
UN GESTO QUE NACE DA LA FE Y LA
ACRECIENTA
a) Poner este gesto presupone una fe: la seguridad de que
Dios repite en mí la misma invitación de vivir unido a
El que se dio en Cristo, y yo la acepto como él y con
él, y la acepto en el seno de una comunidad de
creyentes. Así confluye mi fe con la de la Iglesia y con
la del propio Cristo. Mi bautismo hace visible mi fe
interior, invisible.
b) A la vez esta fe, con el gesto, se afianza y se
realimenta, lo mismo que sucede con todo acto sacramental
cual es cualquier gesto humano: Una comida, por ejemplo,
es signo de una amistad previa y a la vez acrecienta y
hace más firme esa amistad. Porque todo gesto
auténticamente humano -aquí el signo sacramental- es
signo o reflejo de la fe, y conduce a la fe.
c) Hay que advertir que más importante que el gesto que
la expresa, es la fe misma, interior. Esa fe es la que
realiza el auténtico primer contacto con el Sefíor. Los
que no han oído hablar de Dios, pueden tener también
esta fe interior aunque en otras claves y sin ellos
saberlo, como por ejemplo un respeto absoluto por la
justicia, una búsqueda sincera de la verdad, una
fidelidad a los derechos y el amor de otros.... De esa
vivencia interior recibe su significado el gesto
exterior.
EL AGUA Y LAS PALABRAS
Este gesto tiene actualmente un núcleo central que es la
acción de derramar agua y pronunciar unas palabras,
"Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo". - Los lavatorios eran
práctica ya conocida en otras culturas y resulta muy
apropiado por el simbolismo que lleva consigo el agua,
dadora de muerte (anega, pudre, destroza), y de vida
(limpia, fecunda, refresca). - Las palabras están
tomadas de Mateo 28,19 y vienen sin duda de la práctica
de las comunidades fundadas por los Apóstoles y ya un
tanto tardías. En un principio el bautismo se hacía
simplemente en el nombre del Señor Jesús. Se ve en el
libro de los Hechos 19,2-6. Desde fines del siglo II se
conocen los ritos con los que se confería el bautismo:
catequesis, oraciones y ayunos, bendición del agua,
triple inmersión, unción e imposición de las manos,
hasta entrar con el beso de paz en la comunidad para la
celebración eucarística. La evolución no ha sido
demasiada hasta el ritual actual, a base de los
simbolismos que tiene el agua, la vestidura blanca, la
luz encendida... Sin embargo, a todo rito nos habituamos
los hombres y, aunque el signo debiera ser el más
acomodado a la sensibilidad de cada época, la verdadera
vitalidad de él provendrá siempre del contenido que en
él se quiera expresar y de la profundidad con que se
experimente en el corazón del hombre y de la comunidad
que le recibe.
EL BAUTISMO DE LOS NIÑOS
Por todo esto, no parece que tenga pleno sentido el
realizar el gesto de la fe sin una fe personal. Aquí se
plantearía el problema del bautismo de los niños en las
primeras semanas de su vida. En los primeros tiempos no
era frecuente. A partir del siglo IV se generaliza el
conferirlo a los niños como ampliación que son de una
sociedad adulta (conocida) toda ella cristiana. Hay
teólogos que consideran tal determinación el acto más
trascendental en la historia de la Iglesia, de igual modo
que lo sería ahora el practicarlo sólo los adultos.
Tras la práctica de concederlo a los niños existe un
concepto sociológico de fe que, por más atendible que
sea, engloba y anula el acto personalísimo que debe
existir en la fe de un hombre; se ponen unos padrinos que
respondan de la fe personal, dando por hecho que ésta va
a existir. Este procedinúento implica muchas
dificultades. Hoy se comienza a pensar más en que el
bautismo fuera la etapa culminante de otras anteriores en
las que los padres y la comunidad van alimentando y
amparando el surgir de la fe en el niño y el
adolescente. Estas etapas anteriores supondrían
igualmente la pertenencia a la Iglesia, acomodada a lo
que un niño es, exactamente lo mismo que sucede con la
incorporación a la sociedad civil.
UN NIÑO PEQUEÑO NO SE ENTERA DE
NADA. ("El Promotor" Julio-Agosto 1999)
Hay también razones muy serias para pensar que no se
debe bautizar a los recién nacidos. En primer lugar, hay
una cosa completamente clara: un niño pequeño no se
entera, ni se puede enterar, de nada. Por lo tanto, no
tiene, ni puede tener fe en Jesucristo. Pero, por otra
parte, sabemos que los sacramentos se pueden administrar
solamente a personas que tienen fe. Por consiguiente,
parece que no tiene ningún sentido eso de bautizar a un
crío que ni se entera de lo que pasa, ni puede decir que
él está de acuerdo con aquello. Por otra parte, no vale
decir lo que dicen muchos sacerdotes y catequistas, a
saber: que el niño pequeño se bautiza por la fe que
tienen sus padres y los padrinos. Pero eso no tiene mucho
sentido, al menos a primera vista porque nadie puede
tener fe por otro, como no puede pecar por otro, ni
ganarse el cielo en lugar de otro.
Además, las razones que dan los que defienden el
bautismo de niños, no parece que sean razones de mucho
peso. Porque en ningún sitio del Nuevo Testamento se
dice que los niños fueran bautizados ya en aquel tiempo.
Y porque si es cierto, que desde el siglo IV se introdujo
la costumbre de bautizar a todos los niños, la verdad es
que esa costumbre fue el resultado de una decisión del
emperador Teodosio, que le impuso a todo el mundo la
obligación de hacerse cristiano. Y, sobre todo, en esta
cuestión hay que tener en cuenta las consecuencias que
se siguen de la práctica de bautizar a casi todos los
chiquillos recién nacidos. En este sentido, hay una cosa
muy clara: casi todo el mundo entra a formar parte de la
Iglesia cuando no tiene uso de razón. Por lo tanto, casi
todo el mundo entra formar parte de la Iglesia sin
enterarse de lo que eso quiere decir, ni tampoco de las
consecuencias que de eso se van a seguir. Por
consiguiente, el ingreso en la Iglesia no es, en la
práctica, una cuestión libre, sino impuesta por las
costumbres tradicionales. Con lo cual ocurren varias
cosas:
La
religión oficial.
1. De esta manera, la Iglesia no es la gran comunidad de
los convertidos a la fe, sino la religión oficial de los
nacidos en ciertos países o entre ciertos grupos de
personas.
2. Por eso, la Iglesia no es ya, en la práctica, la
comunidad de los que siguen a Jesucristo, sino la
religión oficial en la que lo mismo están los que
tienen fe que los que no creen en Jesús y su Evangelio.
3. En los ambientes eclesiásticos hay muchos sacerdotes
que comprenden este problema, pero lo que pasa es que los
Obispos, sobre todo, tienen miedo de decir a la gente que
cada cual se bautice cuando quiera, porque entonces a lo
mejor habría mucha gente que no se bautizaría nunca,
con lo cual los pastores de la Iglesia perderían parte
de su rebaño.
La consecuencia final que se sigue de todo esto es que
mientras se siga teniendo el sistema actual de bautizar a
la casi totalidad de los niños que vienen a este mundo,
en algunos países o en grupos humanos, la Iglesia
seguirá siendo la gran masa de los bautizados, pero no
será nunca la comunidad de los seguidores de Jesús y su
Evangelio. En esto consiste el problema más importante
que plantea la costumbre actual de bautizar a los recién
nacidos.
¿Y
LOS NIÑOS QUE MUEREN SIN ESTAR BAUTIZADOS?
La cosa no admite dudas: se van al cielo. Porque no
tienen otro sitio a donde ir. Al inferno no pueden ir,
porque ahí van solamente los que se mueren con pecados
personales (graves), pero un niño no puede cometer
pecados de ninguna clase. Por lo tanto... Por otra parte,
el limbo no existe. Y no existe porque de eso no habla la
Biblia en ninguna parte. Y se sabe, además, que esa
doctrina del limbo se la inventaron algunos teólogos en
la Edad Media, pero de tal manera que ni entre los
teologos se le ha dado nunca especial importancia a ese
asunto. En la actualidad, los más serios entendidos en
esta materia dicen que no hay nada del limbo, ni cosa que
se parezca. Es más, si echamos mano de los documentos
eclesiásticos antiguos, llegamos claramente a la misma
conclusión, porque el concilio XVI de Cartago (canon
3º) dice que si alguien afirma que hay un lugar
intermedio entre el cielo y el infierno, adonde irían
los niños pequeños no bautizados, que sea castigado. 0
sea, que no existe el tal lugar intermedio, es decir no
hay limbo.
Por consiguiente, que nadie se preocupe si su niño
pequeno está sin bautizar. No le pasa nada. Y lo mejor
es, como ya hemos dicho, que espere a que el niño tenga
uso de razón (eso por lo menos) y entonces, si él
quiere, se le bautiza. Aunque lo ideal sería esperar a
que sea mayor. Y que entonces, libremente y
conscientemente, él mismo haga lo que vea mejor. Porque
existe el claro peligro de que el niño, a sus 6 ó 7
añitos, sea inducido al bautismo por los padres. Al
niño se le debe explicar lo que es ser cristiano y las
exigencias que eso supone. Y entonces que él mismo haga
lo que le parezca mejor. Así tendríamos menos
cristianos. Pero serían más auténticos. Si fuéramos
una comunidad cristiana viva, que arrastrara a vivir la
vida que nos pide Jesucristo, entonces el ejemplo de la
familia y la comunidad cuidarían de niño bautizado.
Pero...
SOLO
SE MUERE UNA VEZ
Entre los textos del Nuevo Testamento que quieren
explicar lo que significa el bautismo escogemos estas
frases de Pablo:
Rom. 6,3-14: "Tened esto presente: el hombre que
éramos antes fue crucificado con él, para que se
destruyese el individuo pecador y así no seamos más
esclavos del pecado; porque, cuando uno muere, el pecado
pierde todo derecho sobre él. "
"Ahora bien, por haber muerto con Cristo, creemos
que también viviremos con él, y sabemos que Cristo
resucitado de la muerte no muere ya más, que la muerte
no tiene dominio sobre él. Porque su morir fue un morir
al pecado de una vez para siempre; en cambio, su vivir es
un vivir para Dios. Pues lo mismo vosotros, haceos cuenta
de que estáis muertos al pecado y que vivís para Dios
en unión con Cristo Jesús. "
"Por consiguiente, no reine más el pecado en
vuestro ser mortal, obedeciendo vosotros a sus deseos, ni
tengáis más vuestro cuerpo a su disposición como
instrumento para la injusticia; no, poneos a disposición
de Dios, como muertos que han vuelto a la vida, y sea
vuestro cuerpo instrumento para la honradez al servicio
de Dios. El pecado no tendrá donúnio sobre vosotros,
porque ya no estáis en régimen de Ley, sino en régimen
de gracia."
Preguntaríamos a Pablo: ¿Qué significa quedar, por el
bautismo, unidos a, echados a la corriente de, injertados
en, la muerte de Cristo?
Significa quedar unidos al Cristo que
muere, al Cristo que en el hecho de preferir la muerte,
proclama cómo es, por encima de todo, fiel al amor. De
este modo, la muerte física de Jesús está cargada de
sentido, tiene un significado tremendo: Está diciendo
con la muerte que hay algo más importante que la vida
física. Este es precisamente el acto de que nos hacemos
partícipes, un acto de amor que se patentiza en la
muerte. Ahora bien, allí donde hay amor, hay vida, por
más que sea una muerte física la forma de decir el
amor. Nosotros estamos unidos a su muerte, entendiendo
por ello: Estamos unidos al "como" moría, al
"acto" con que prefirió la muerte a la
infidelidad en el amor.
Pablo deduce una consecuencia: en Jesús hubo un morir
físico, pero cargado de significado, y por eso Dios le
tiene ahora en vida; en nosotros, debe darse un morir a
todo aquello que sea contrario a la justicia y al amor,
un morir no físico, pero sí un decir basta al pecado. Y
eso, ese morir, se hace una sola vez, debiera hacerse una
sola vez, si fuéramos lógicos. Y, en cambio, lo mismo
que Jesús en consecuencia de su muerte ahora vive, así
nosotros si hemos dado por acabado ya el pecado en
nosotros, debe haber una vida, es decir, una forma de
vivir en positivo, en lo recto. Al final del versículo 4
se dice: "... así nosotros empecemos (caminemos en)
una vida nueva". Este empezar o caminar es un
concepto muy del Nuevo Testamento; se refiere al diario
desarrollo de la vida con la clarividencia interior de
que no sea egoísmo o insolidaridad alguna la que marque
nuestra ruta; de que todo es penúltimo y relativo, no
definitivo. Esto es como un situarse establemente en
"muerte a lo injusto", y a la vez es un
"saberse definitivamente", ya, en vida.
ASI
VIVIAN LOS PRIMEROS CRISTIANOS
Hay una carta anónima escrita a un tal Diogneto, del
siglo II. En ella se describe admirablemente la forma de
vivir propia de un cristiano: "Los cristianos no se
distinguen de los demás hombres ni por su país, A¡ por
su lenguaje, ni por sus costumbres. Porque no moran en
ciudades propias, ni usan un lenguaje distinto, ni viven
de un modo extraordinario... Pero, aunque viven en las
ciudades de los griegos y los bárbaros, según le ha
correspondido a cada uno de ellos, y siguen las
costumbres locales en el vestir y el comer y otros
menesteres de la vida, resulta asombrosa la peculiaridad
de su ciudadanía, que ellos manifiestan públicamente y
que desmiente a ojos vistas lo que de ellos podría
esperarse. Viven en sus propios países, pero únicamente
como transeúntes; soportan todas las cargas como
ciudadanos, y sufren todas las penalidades como
extranjeros. Cada país extranjero es una patria para
ellos, y cada patria les es un país extranjero...
Obedecen las leyes instituidas, y van más allá de las
leyes en su propia vida... En una palabra, como el alma
está en el cuerpo, así los cristianos están en el
mundo... El alma está encerrada en el cuerpo y, sin
embargo, sostiene al cuerpo; así también los cristianos
están en el mundo como en una cárcel y, sin embargo
sostienen el mundo... Así es de elevada la misión que
Dios les ha señalado, y no les está permitido
rehuirla."
CATECISMO
DE LA IGLESIA CATOLICA
1275 La iniciación cristiana se realiza
mediante el conjunto de tres sacramentos: el Bautismo,
que es el comienzo de la vida nueva; la Confirmación,
que es su afianzamiento; y la Eucaristía, que alimenta
al discípulo con el Cuerpo y la Sangre de Cristo para
ser transformado en El.
1276 "Id, pues,
y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he
mándado" (Mt 28, 19-20).
1277 El Bautismo
constituye el nacimiento a la vida nueva en Cristo.
Según la voluntad del Señor, es necesario para la
salvación, como lo es la Iglesia misma, a la que
introduce el Bautismo.
1278
El
rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el
agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza,
pronunciando la invocación de la Santísima Trinidad, es
decir, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
1279 El fruto del
Bautismo, o gracia bautismal, es una realidad rica que
comprende: el perdón del pecado original y de todos los
pecados personales; el nacimiento a la vida nueva, por la
cual el hombre es hecho hijo adoptivo del Padre, miembro
de Cristo, templo del Espíritu Santo. Por la acción
misma del bautismo, el bautizado es incorporado a la
Iglesia, Cuerpo de Cristo, y hecho partícipe del
sacerdocio de Cristo.
1280 El Bautismo
imprime en el alma un signo espiritual indeleble, el
carácter, que consagra al bautizado al culto de la
religión cristiana. Por razón del carácter, el
Bautismo no puede ser reiterado (cf DS 1609 y 1624).
1281 Los que padecen
la muerte a causa de la fe, los catecúmenos y todos los
hombres que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer la
Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por
cumplir su voluntad, se salvan aunque no hayan recibido
el Bautismo (cf LG 16).
1282 Desde los
tiempos más antiguos, el Bautismo es dado a los niños,
porque es una gracia y un don de Dios que no suponen
méritos humanos; los niños son bautizados en la fe de
la Iglesia. La entrada en la vida cristiana da acceso a
la verdadera libertad.
1283
En
cuanto a los niños muertos sin bautismo, la liturgia de
la Iglesia nos invita a tener confianza en la
misericordia divina y a orar por su salvación.
1284 En caso de
necesidad, toda persona puede bautizar, con tal que tenga
la intención de hacer lo que hace la Iglesia, y que
derrame agua sobre la cabeza del candidato diciendo:
"Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo".

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