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LA ORACIÓN



 CONFIANZA EN LA ORACIÓN

 Otro aviso a la comunidad: la confianza en la oración.

 PEDID Y SE OS DARÁ, BUSCAD Y ENCONTRAREIS LLAMAD Y OS ABRIRÁN; PORQUE TODO EL QUE PIDE RECIBES EL QUE BUSCA ENCUENTRA Y AL QUE LLAMA LE ABREN

 Esto es la absoluta confianza. Esta es la oración de petición, que es de la que trata el evangelio. De manera que, por parte del Padre, está claro que está dispuesto a dar todo lo que le pidamos. Y ésta es la confianza que hemos de tener cuando pedimos algo.

 

O ES QUE SI A UNO DE VOSOTROS LE PIDE SU HIJO PAN ¿LE VA A OFRECER UNA PIEDRAS O, SI LE PIDE UN PESCADO ¿LE VA A OFRECER UNA SERPIENTE?, PUES SI VOSOTROS AUNQUE SEÁIS MALOS SABÉIS DAR COSAS BUENAS A VUESTROS HIJOS ¡CUANTO MAS VUESTRO PADRE DEL CIELO SE LAS DARÁ A LOS QUE SE LAS PIDEN!

 Aquí tenemos la frase "Padre del Cielo", que es la del Padre nuestro. Se refiere a los que tienen la experiencia de que Dios es su Padre, de que son hijos de Dios. ¿Quienes?: "...los que trabajan por la paz, porque a ésos los va a llamar Dios hijos suyos". Estamos siempre en el contexto de los que tienen experiencia de la paternidad de Dios: la comunidad comprometida, y es la que puede tener una confianza total en que el Padre está de su parte. Porque si nosotros más o menos malos ‑al lado del Padre del cielo todos estamos por debajo del nivel‑ sabemos dar cosas buenas a nuestros hijos, cuanto más nuestro Padre del cielo dará lo que se le pide. Estamos por tanto, en un ambiente de misión. Eso pasa también en el evangelio de Juan donde, en el Sermón de la Cena, insiste mucho en "pedid lo que queráis, que se os dará", pero siempre en el ambiente de misión, cuando queremos las cosas para hacer el bien, en la difusión del Reino. Como el Señor y el Padre son miembros de la comunidad, y lo característico de la comunidad es compartir, ellos comparten su potencia.

 La cuestión es hasta qué punto nosotros tenemos confianza y hasta qué punto eso sirve para propalar el Reinado de Dios. Pero no temamos empacho en pedir.

real, en bien de la gente. Y lo que tenemos que tener siempre presente, los que trabajamos en actividades cristianas, es que nunca estamos solos; nuestro trabajo se hace en equipo, el Señor y nosotros. El, siempre colaborando, no sustituyendo; no toma nuestro lugar, pues el Señor no anula a nadie. Pero, como miembro de nuestra comunidad y compañero de vida, trabaja con nosotros y, aunque no podemos medir lo que es suyo y nuestro, evidentemente hay un tino, un acierto, hay algo nuevo que nos indica que estamos colaborando con él. Eso es algo de lo que deberíamos ir tomando cada vez más conciencia, a cualquier nivel: lo mismo en la enseñanza, en la comunidad de base, en el compromiso social, en el estudio, en todo. Cuando estamos trabajando por la humanidad, siempre el Señor está con nosotros ayudando: es una ayuda discreta, pero real, y la iremos notando si tomamos conciencia de ello.

   EN RESUMEN: TODO LO QUE QUERÁIS QUE HICIERAN LOS DEMÁS POR VOSOTROS HACEDLO VOSOTROS POR ELLOS PORQUE ESO SIGNIFICAN LA LEY Y LOS PROFETAS

 Esta es una regla general que engloba todo lo que ha dicho hasta ahora. La Ley y los Profetas en el Antiguo Testamento. Ha considerado el Antiguo Testamento como profecía, en aquel pasaje que ya vimos de "no penséis que he venido a echar abajo la Ley y los Profetas": aquella profecía magnífica del Reinado de Dios se cumplirá. Aquí la considera como código moral y la resume en esta frase sola. Si estrujamos el contenido moral del Antiguo Testamento, lo que sale es eso: todo lo que querríais que hicieran los demás con vosotros, hacedlo vosotros con ellos. Y esta regla no es lo mismo que la regla negativa que se proponía en el judaísmo, que decía. "No hagas con los demás lo que no quisieras que hicieran contigo". Esta es la regla de la convivencia: ¿qué es lo que no me gusta, que me pinchen los neumáticos?, pues yo no pincho neumáticos. Jesús le da la vuelta por completo (a esto le llaman los ingleses "la regla de oro"). La actitud es totalmente diferente, que es la iniciativa del hombre. No estamos viendo a que estamos obligados según la Ley, sino que todo lo que desearíamos que hicieran con nosotros, tenemos que hacerlo con los demás. Y así son enormes las posibilidades de hacer el bien; es la iniciativa continua. No es que yo lo hago, si me lo hacen a mí, sino que es completamente desinteresado: en el caso en que se encuentra esa persona ¿que me gustaría que me hicieran?: pues eso es lo que yo tengo que hacer. Una persona desconsolada, enferma, desvalida, con hambre, sin vivienda, etc.: que desearía yo que hicieran si me encontrara en ese caso. 0 sea, ponerse en el lugar del otro.

 Y Jesús dice que esto significan la Ley y los Profetas. Es decir, El no viene a proponer una moral muerta, viene a dar un Espíritu y, con ese Espíritu, esto va a ser posible. De hecho, la regla que saca el Antiguo Testamento es "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", pero el Señor le da una vuelta de rosca más, porque esto es una igualdad en la que no sacrifico nada de lo mío por el otro: el otro como yo, pero no renuncio a lo mío por él. El Señor le da una vuelta de tornillo más y dice: "no depende de lo que tú tengas, sino de lo que tú querrías; ¿qué es lo que te gustaría que hicieran contigo?: eso es lo que tú has de hacer, lo hagan o no lo hagan". Esto saca de todo egoísmo individual y pone al servicio de todos. Pero esto es posible con el Espíritu, es entrega, es una entrega con el Espíritu.

(Juan J. Mateos)


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